Estudio en la Universidad de Guadalajara. Desde el 2000, los directivos han estado cobrando Aportaciones Especiales a los alumnos del Centro Universitario de Ciencias de la Salud. Dichas aportaciones consisten en una cuota de $300, además de la matrícula semestral.
Nuestra Universidad es pública. Las mejoras prometidas con dichos recursos no se vislumbran aún.
Por eso, he decidido hacer gastar más a la Universidad. Hacer uso de los recursos que por derecho me corresponden. A partir de ayer, empecé mi campaña Mea sobre las pastillas aromatizantes de los mingitorios. Que compren más, los culeros. Si unimos nuestros esfuerzos, y nuestros meados, responderán a nuestras exigencias. He dicho
Sálvese Usted Mismo!
viernes, 12 de octubre de 2007
Manifiesto
martes, 9 de octubre de 2007
Y regresé. Después de 5 días de viaje, estoy de vuelta en la vida real, de vuelta a la cotidianeidad, de vuelta a mi pequeño mundito. Pero ya no es igual, no señor. Muchas cosas se agolpan en mi cabeza, y el cansancio acumulado decidió hacer estragos a partir de ayer. Aún así.. Oh sí. Oh sí.
Rara vez escribo crónicas, recapitulando me di cuenta de que son bastante pocas las que están en este espacio. Hoy es día para escribir una nueva crónica, la crónica de la ChilangoAventura que me aventé. A fin de hacer un poquito más ameno el relato, le pondré algunas rolitas como soundtracks de esos días. Obviamente, hay más, muchas más canciones que estuvieron ahí, o en mi cabeza, en esos momentos. El chiste es que, cada vez que aparezca una nueva rola, le piquen plei, pa' ponerle un poquito de ambiente.
Martes en la noche. Salgo de mi casa, mochila de viajes al hombro, acompañado de Beto, un compa de Los Mochis. Nos lanzamos a la central. La pinche emoción de saber que en dos días veremos a los Héroes aumenta, y aumenta, y aumenta, sin ni siquiera haber comprado los boletos del camión. Mi plan, considerando mi limitado presupuesto, era presentar un oficio que explicaba que mi viaje al Deefe era con fines académicos, pues participaría en una investigación multidisciplinaria, trabajando con las representaciones sociales de la juventud y sus manifestaciones en determinados contextos, además de trabajar en (intensos) talleres terapéuticos, individuales y grupales. Por eso, etzigía que me hiciesen el fabuloso descuento de 50% en el pasaje. Mi treta funcionó (jamás mentí en ningún momento! sólo cambié el ángulo de la verdad), pues además de presentar el oficio, utilicé mi expresión-encantadora-enamora-vendedoras-de-boletos-de-camión-y-convence-gerentes-gordos. A Beto no le quisieron hacer el 50%, y el mío nisiquiera tenía sello. Qué chingón soy.
Decidimos no beber en el camino, pues consideramos el plan de comprarnos un ochitotecatelai (yo quería rojas, pinche Beto joto), y al fin partimos. Supuestamente 7 horas de camino.
A cada momento, el nervio era mayor. Pinche Beto, hizo uso de su ya bien conocido poder mutante de sentarse en el asiento del camión, reclinarlo, cerrar los ojos, y no despertar hasta la central. Y Masio, sufriendo de insomnio carretero.
Y al fin, llegamos a la Ciudad de la Esperanza.
Ya corriendo la mañana del miércoles, y después de una hora más para llegar hasta la central, no podía evitar tener los ojos pelones por el insomnio y el asombro de pinche provinciano pendejo que llega a la Gran Ciudá'.
Ya en la central, saludos, abrazos, reencuentros, la mera felicidá'. Ya estábamos ahí, justo ahí, sólo a la espera de que el tiempo pasara al ritmo que el tiempo debe de pasar, y aprovecharlo lo más que se pudiera.
Neta, que me ví bien provinciano. Volteando pa' todos lados, cara de asombro, en el metro bien confiado como si fuera el tren de Guadalajara. Después de cruzar una buena parte de la ciudad, bañarme, e intentar parecer una persona decente, y a ver si se me despintaba de la cara la expresión de costeñito de provincia.
Después de varios intentos vanos, recordé que había quedado con Valeria de vernos a las 12 en el centro, y eran las 11.30. Bien confiado, le pregunto a mi carnala que si cuánto podríamos tardar en llegar.. Já! Iluso muchachito de pueblo. Mejor nos apurábamos, pa' llegar a la 1, además de avisarle de nuestro retraso.
Nuevamente sumergidos en la ciudad, nos lanzamos al centro. Tania, mi carnala y yo, retacados en el metro, rodeados de montones de chilangos de mirada perdida, y con bonitas cumbias para amenizar nuestro viaje.
Al fin llegamos, buscamos el bar donde ya nos esperaba Valeria, y descubro que fue una buena elección, por lo menos para las ganas que tenía de folclor. La sed de los provincianos es cabrona, así que nomás llegando me apuré a tomarme 3 chelas al hilo, pa' poder ambientarme más. Entre el compa que gritaba amargamente por su botana; las dos canciones de los Érues que pusimos, nomás pa' no dejar, y que la mesera, sin abandonar su papel de -yo lo he visto todo/dime algún piropo que no me sepa, corazón- coreaba completas (me cae, estoy seguro de que ella también fue al concierto, aún con su uniforme de mesera de cantina del centro, y un pin de los Érues pa' no estar fuera de lugar); y el extraño misterio del limón exprimido arriba del mingitorio del baño cuyo techo estaba a 1.60 metros, no sabía a qué prestar atención.
Después de algunas chelas más, dimos un nuevo tour por ahí y por allá, para al final separarnos en el metro, Tania y Valeria a sus casas, y Gina y yo a buscar dónde podríamos seguir bebiendo. Dos horas después, y dos misiles de Indio cada quién, y lo más prudente fue ir por unas gorditas de chicharrón y dormirnos, pues el día siguiente era el bueno..
Uta, ni en la primaria! Me desperté antes de que sonara el despertador. En lo que aterrizaba completamente en la realidad penumbrosa de la madrugada, e intentaba diferenciarla de los sopores oníricos, me fumé un cigarro, asomado a la ventana (pinche frío!), organizando mi día. Me baño, fresquecito, me uniformo con mi playera de los Érues, y empiezo la travesía del día. Cruzar casi toda la pinche ciudá' por abajo. Lo bueno es que traía mi disman.
Lalalá. Tururú.
...
...
Agh, pinches chilangos embobados! (Muy conectado con mi ambiente yo, claro)Al fin, llego, y después de un desayuno de campeones con la Tania, nos lanzamos a transmitir el programa de Hilos en mi Cabeza, del cual Tania e Illa, finísimas muchachitas, son locutoras, y amablemente me invitaron para compartir mi fanaticidad de los Érues con algún escucha perdido que también estuviera traumado.
La pasé muy bien esas dos horas, con todo y los problemas téinicos, siempre había querido estar en una cabina de radio, y cumplí mi sueño. Al fin y al cabo, exhibicionista, debo de explotar mi sepsi voz de alguna manera.
Y empezó (siguió) la travesía. Cruzar nuevamente la ciudá', esta vez con la agradable compañía de Tania, para encontrarnos con el resto de los compas, cada vez más cerca la hora.
Termina valiéndonos madre la prisa que sobre todo yo tenía, y vamos a turistear al centro, comemos unas ricas tortas, nos encontramos con El Mar y Eva, y nos lanzamos en la búsqueda de algún hotel bueno y barato, en el cual poder quedarnos después del concierto, junto con todos los demás. Una vez instalados en el fabulosísimo hotel Zaragoza (jijiji), llegamos a la conclusión de que hace falta alcohol. Cómo se nos pudo olvidar! Corremos a buscar dos buenas botellas de güisqui (bueno, una buena y otra rasposa), para posteriormente utilizar la técnica milenaria de el cambio mágico a envases inocuos. De vuelta al metro, y en menos de lo que nos diéramos cuenta, ahí estábamos: Rodeados de una cantidad ingente de personas con playeras de HS, Búnburis al por mayor, un coche rojo y una patrulla (ja!).
A darle átomos! Las bebidas psicoactivas tenían que bombear lo suficiente.
Chale, ya no me podré liberar del estigma de marica que me eché encima al hacer público el hecho de que el güisqui solo y tibio nomás no me terminaba de agradar. Por lo menos unos hielitos! Pero nel, soy joto y no aguanto el güisqui así.
Ya estábamos ahí casi todos: El Mar, Eva, Beto, Michel, amigos de Eva, y Manuel, un desconocido mochitense de quien Michel parece haberse enamorado. Sólo esperábamos a Valeria, y que Michel y Manuel terminaran de revender unos boletos que misteriosamente habían conseguido. En el furor y el gentío nos perdimos como 3 veces, le ayudamos a un señor de un puestito a gritar "Son diadiez! Son diadiez!", compramos cigarros (es el único recuerdo que me queda físico del tokín, además del boleto) [Agh! tuve que rescatar la caja de la basura, ya la habían tirado!]
Después de al final encontrar a los demás ya adentro, en el gentío, esperamos.. y esperamos.. 8.45.. 8.50.. 8.55.. 8.57.. 8.59.. 9.00.. qué pedo? On'tá' Song to the Siren?
Ya estaba todo listo.. Pero no salían! Pasaba el tiempo.. Y el Mar, magistralmente, y como sólo él sabe hacerlo, empezó a guiar a la banda: . El cántico gustó, y en un rato ya se oía del otrolado del foro.
Sale un jodido del estáf, y dice algo de un motor, que se había descompuesto, y que les hacía falta un poco de cinta diurex, o ya de perdis un chicle.
Empecé a cotorrear con unos cabrones que estaban atrás, que no recuerdo cómo se llamaban, y compartimos nuestras respectivas hipótesis con respecto al motor (para qué riatas necesitaban un motor? Pa' las pinches pantallitas?). La peda obtenida sabrosamente con el güisqui comenzaba a perderse. Me estaba angustiando. Tenía una reserva, cosecha de la navidá', pero era pa' más al rato. Ya hasta crudito me sentía.
Pinche desespero.
Pinche desespero.
Y ya no hubo más mundo. Se empezó a Deshacer.
Los visuales al principio, con una silueta tocando la guitarra, y sonando los primeros acordes cual tenue marea.. Los escalofríos en mi nuca y todo el cuerpo, despegar nuevamente hacia el espacio exterior. No había asidero, aquellas manos que me apretaban, abrazaban y acariciaban, eran la música, era toda la energía de la banda, eran mis amigos y mis amores.. ahí estaba, sintiendo cómo me ahogaba, cómo se derramaba el estanque, cómo se empañaba todo y a la vez se volvía más claro.
Y el azul me dio cielo. Y los astros se acercaron. Y la música me abrió secretos.
Y nos fuimos a nadar Mar Adentro. Jamás me vio nadie llorar así. Y no quise salir más.
Volvimos al mar, volamos en espiral, y el cielo nos permitió temblar.
Apostamos por el Rock, nos agarramos bien, y nos largamos.
Hubo más lágrimas, pero el viento se lo llevó, en un segundo escarbando en vacío.
Y descubrimos para qué era el motor! Para los visuales de Nuestros Nombres! (Aunque nomás no encuentro el video en llutúb).
Me convertí en esquirlas de aire, en pereza, en arcano indescifrable. (pingpong sin reta XD).
Beto y yo cantamos a quien no deja ni una chela pa' los demás, y comenzó la Avalancha, y aún quedaron cosas por decir, y cosas por hacer, pero siguió, y sigue, y sigue..
En la Chispa.. uta, se veía genial el foro, todos los encendedores y celulares coreando al unísono con su silencio de luz. Y, de ley, el coro del BLANCA ESPERMA RESBALANDO POR LA ESPINA DORSAL.
La Herida se abrió, rezamos la Oración, el mero bailongo rocanrolero entre Tunas con Sal, para al final, terminar en los Brazos de la Fiebre, sin que nadie se mueva..
Terminé.. extaciado. Cual si acabara de tener un orgasmo. Todo a mi alrededor era tan lento, todo era tan claro..
En fin.. La travesía pa' regresar.. chale.. después de multitud de peripecias, y una guía de turistas que se perdió en su propia ciudá', al fin llegamos al centro, para verlo de noche, vacío, sólo para nosotros.
Viernes en la mañana. O Mediodía? Fumando en el balcón del Hotel Zaragoza (jijiji). Ahh, qué bonito despertar. Aún con la sensación fresca de haber visto a los Héroes y haberme venido, y.. estar fumando en un balcón! Me encanta fumar en los balcones!
El día siguió su curso, regresé con mi hermana, fuimos a que conociera CU (que es casi del tamaño de Los Mochis, o, como ella me dijo, por lo menos la población si es igual). Por azares del destino terminé a las orillas del mundo conocido, en una colonia trepada en un cerro, bebiendo caguamas bajo la "fresca" noche, con un amigo..
A la mañana siguiente, inicio nuevamente mi travesía al centro (si, el hecho de ser costeñito y provinciano mantiene la sorpresa constante de las distancias recorridas en el defectuoso), con el fin de encontrarme nuevamente con la Tania, que fungió como guía de turistas durante la mayoría de los días. La idea era embriagarnos un poco, ya fuera en una pulcata o en una cantina de mala muerte. Bueno, nisiquiera era cantina..
..me quedó muy grabado el letrero de Herrería Trabajos de todo tipo orales y/o anales. Sentados en una escalera Tania, Aletz su hermana, Graciela, amiga suya, y yo, nos tuvimos que reventar la plática de Don Manolo, maduro en su infructuoso intento de ligue con Graciela, diciéndole que sus huaraches estaban bien chidos, que vendía libros, que los arquitectos son la onda, y que balblablah. Fue gratísimo haber conocido a un tipo llamado Arre Lulú, y a multitud de otros personajes..
Luego, una visita a una pulcata que.. chale, ni chanza tuve de estar agusto, por "azares" del destino..
La cuestión es que.. el final del día, y el resto de la noche, fue una muy buena fiesta.. Que ya me dio weva describir, y como conclusión, dejo uno de tantos soundtracks de esa noche..
Y como en todos los viajes, hay que despedirse..
martes, 2 de octubre de 2007
lunes, 1 de octubre de 2007
jueves, 27 de septiembre de 2007
Víspera de Resplandores IV
Una semana, nada más. Una semana.
Chin. En este momento, de repente se me vino la emoción encima, y ya no sé ni qué escribir de las rolas. Hoy tocaría el Senderos de Traición.. pero no, no se me ocurre nada.
Platicando con una amiga que también irá, pero al del seis.. pinche ensiedad y desespero! Leemos los artículos de los conciertos que ya pasaron, vemos en llutúb los videos piteros de celular.. Chale, por un momento hasta siento pena de mí de tan enajenado y tan fan que salí. Me siento como niña puberta y granienta que se desmaya al ver a Timbiriche, o a Mecano, o a Uff.
Estoy botado, botado. Pinche tiempo que no se apura.
Pero son los Héroes. Oh sí.
Bueno, mejor sí hay post
La aventura al máximo..
Desde tiempos inmemorables..
Con ustedes..
MineSweeper: The Movie.
Borraré todos los juegos que tengo.
He encontrado el sentido de la vida.
Sigo bien crudo
No hay post.
Ayer, enmedio de la peda, y de la caguamoterapia abrazaárboles salvaje y confrontativa que me aventé, pensé en un post sapientísimo. Estuve a un paso de iluminarlos con mi aplia sabiduría. Un paso na'más.
Se me olvidó qué iba a escribir.
Ahí pa' la vuelta.
martes, 25 de septiembre de 2007
Mijares Versus los Fantasmas LanzaAlaridos del Baño
Soñaba. Y soñaba feo.
Estaba yo en casa (que no era mi casa, pero en el sueño, obviamente, sabía que ese entorno desconocido era mi casa, a pesar de los sillones de abuelita). Estaba en la sala, con un amigo, sentados cada quién en un sillón, sin levantarnos, cuidándonos mutuamente, porque los dos estábamos teniendo especies de ataques respiratorios. Por momentos perdíamos toda capacidad motriz voluntaria y autónoma, y se sentía retefeo porque no podíamos respirar. Desde mi lugar podía ver una ventana del baño, que tenía cortinas, y daba a un patio central, estando yo justo a un lado de otra ventana de ese patio central. En ese cotorreo andábamos, cuando comenzamos a oír voces, que llamaban a personas que habían vivido antes en esa casa. A algunas las conocíamos, a tras no. Pero les llamaban, cada vez con más frecuencia, y más fuerte. Y empezaron a asomarse por la ventana del baño, que yo veía claramente.
Todo el mundo sabe, que cuando se oyen voces así en una casa, y ven que alguien se asoma con el movimiento inconfundible de una cortina cuando alguien se asoma, y no se ve al que se asoma, es que son fantasmas. Todo el mundo lo sabe. Además, en un sueño, uno sabe cosas sin necesidad de que las digan.
Eran fantasmas.
Mi tolerancia al miedo estaba llegando a sus límites.
Sonó el despertador, y como es radio,sonó con una canción de Mijares.
Uta, no supe si sentirme aliviado.
Tuve miedo, mucho miedo, de traerla pegada todo el día. Aunque fuesen las dos primeras horas. Y no, recuerdo el sueño vívidamente, pero no la canción. Pinches mecanismos raros.
Nunca he sabido en qué estación tengo tuneado el radio. Y lo que resulta aún mayor incógnita para mí, es quién carajos programa esa estación, a esa hora.
lunes, 24 de septiembre de 2007
Extraño Imán
Me sucede un fenómeno bien raro. Bueno, en realidad no a mí directamente, pero es algo que me afecta en sobremanera.
Obviamente, puesto que soy el Chico de la Chamarra Verde, tengo una chamarra verde, muy preciada. Es la segunda que tengo, pero es uno de mis objetos transicionales más cabrones. Otros objetos transicionales han sido varios morrales, mis tenis, un gorrito, y cosas así, que si salía a la calle sin ellos me sentía desprotegido, vulnerable, y no-yo.Ahora, siendo una persona más madura y sin necesidad tan marcada de un único objeto transicional, uso más chamarras, suéters de César Costa, sudaderas de jomi, en fin..
Y aquí empieza el fenómeno que me ocupa. Cada vez que llego a mi casa, y traigo chamarra, sudadera, o lo que sea, acostumbro dejarla en algún sillón, que me quede de pasada. A veces en el descansabrazos, otras veces en el asiento. Últimamente, prefiero dejarla en mi cuarto, ya sea en mi cama, o en la silla para la compu. Ocasionalmente, la dejo en alguna de las sillas del comedor.
INVARIABLEMENTE, la deje donde sea que la deje, alguien va a llegar a sentarse sobre ella. No hay pierde. Pensarán que soy responsable por ello, por dejarla en los sillones, o en las sillas. No, la verdad, me deslindo totalmente de la responsabilidad. Es como decirle a una mujer violada que abusaron de ella por vestirse tan provocativamente. Carajo, que acaso la gente no ve, y también tiene manitas como para tomarla delicadamente y con respecto, y moverla aunque sea sólo un poco de la trayectoria final de sus no tan delicados cóxis y posaderas? Si la pongo en el descansabrazos, van y se sientan ahí, de pasadita. Si está en el asiento del sillón, dejan caer de golpe y salvajemente todo el peso de su cuerpecillo y sofocan a mi querida chamarra con el contacto violento de sus carnes y/o huesos. Si está en una silla del comedor, no se tientan el corazón para descansar todo su volumen durante todo el tiempo en el que consumen sus sagrados alimentos, y aunque esté en el respaldo, de alguna manera se moverán para hacer que resbale, y poder sentarse más comodamente justo sobre ella. Si está en la silla de la compu, alguien llegará a violar mi espacio viendo mis imágenes, repasando mis documentos importantísimos, jugando mis juegos, suplantándome en el mesinyer, y embarrando su cola en mi chamarra. Si está en mi cama, saltarán al llegar para caer con sus nalgas sobre ella, o se aventarán un clavado para restregarle su sudoroso cuerpo, se acomodarán, y en el proceso de buscar una almohada para recargar sus casposas y grasosas cabezas, la arrugarán más, y con muy poca suerte para mí, lo cual es sumamente probable, decidirán que mi chamarra cumple a la perfección con las funciones de almohada, que en realidad no debió haber sido chamarra, sino cojín para el culo o almohada.
Estoy completamente seguro de que, si la pusiese en un asiento vacío, pegado a la ventana, entre una señora de abundantes y trasgresoras carnes (además de rubicunda y con la bolsa del mandado rebosante de olorosas garnachas) y el pasillo de un autobús foraneo completamente vacío, con el aire acondicionado dirigido justo a ese lugar, con toda la potencia, a 5º afuera, una guacareada de un niño llorón justo abajo, además de que el respaldo no se puede hacer para atrás, roto, rasposo, sin la cosita esa pa' las latas y mojado; si alguien tuviera la completa libertad de sentarse en cualquier otro lugar, iría directo a sentarse ahí. Justo ahí, encima de mi chamarra.
Si la clavara del techo, alguién idearía la manera de sentarse en ella.
La bronca es que la gente no lo hace concientemente. Creo que ni se dan cuenta de que ahí, justo ahí donde depositan su orto, está mi preciada chamarra (o suéter, o sudadera). De alguna manera, prefieren bloquearlo. Pero, siempre caen sobre ella.
Quizá mis feromonas son tan atrayentes, que, ya sean hombre o mujeres, sienten la atracción y van a entregarle eso tan importante al objeto impregnado de ellas.
domingo, 23 de septiembre de 2007
No leer
Llevo más de 15 minutos con la página de edición abierta, en blanco, pensando qué escribir. Cambio ocasionalmente de ventana, buscando entre mis carpetas, o viendo otras páginas que no me entretienen, y leyendo cómics al azar.
Siento la necesidad de escribir. De repente, me senté aquí, y me dije "Tienes que escribir. Hoy es un buen día para escribir". Vale, pero de qué?
Ya no tengo cigarros. Las colillas me guiñan los ojos seductoramente desde el cenicero, pero no
son muchas y tengo que administrarlas. Quiero un café, la garganta me raspa de la manera que raspa cuando se me antoja un café. No mames, son las 11.30 de la noche, y según la tradición de convivir todos los días con mi cuerpo, no se toma café a las 11.30 de la noche, menos aún dos, y ya me tomé uno. Me vale madre, y voy a poner agua.
Espero a que hierva. No, que no hierva, no me gusta muy caliente, apenas que suelte vapor. Oh sí.
Chin, se me pasó. Sirvo el agua, está muy caliente. No lleno la taza, y al moverla para ponerle agua del garrafón, tiemblo, me salpica, y me quemo.
A éste sí le pondré azúcar. Una. No recuerdo desde cuándo empecé a tomarlo sin azúcar. Creo que desde que entré al hospital. Y nisiquiera recuerdo el motivo.
Al regresar con mi café, vuelvo a temblar, salpicar, quemarme, y ahora hay una mancha en el suelo.
Me quemo la lengua cuando le tomo. Chale, no me salió como lo quería. Empieza una canción que me avisa algo. Sonrío.
Todo el día me he sentido raro. En la mañana tuve una especie de.. no fue crisis. Fue rush de consciencia. Sigo tomando mi café. Putamadre, necesito un cigarro. Viene la primera colilla. Agh! me quemé el labio por wey. Uhm, aliviana. Sabe feo, pero aliviana.
Me voy con la música.
Dejo de escribir un rato, me relajo. Y descubro que ya se fue la cruda. Qué bien.
Y descubro, que mi cabeza está más preocupada pensando en porqué la compu no jala unos juegos, o en qué voy a hacer mañana. Y si prefiero leer.
Nimodo.
Clic!


